(algunas notas sobre la exposición de Paula Rubio Infante, Destino Manifiesto en Addaya Centre d’art Contemporani)

En Inglaterra, sólo había una cátedra de psiquiatría antes de la Primera Guerra Mundial. Un psiquiatra escribió entonces un artículo titulado “El uso económico de los recursos humanos en el ejército británico”. Deberíamos, dijo, tratar a los soldados del mismo modo que tratamos a los tanques y al resto de nuestro equipamiento de guerra.

Cuando leí esto, me acordé de lo que otro psiquiatra le dijo a un amigo mío recientemente, cuando su novia no estaba muy bien: “deberías cuidarla mejor, ella es uno de tus más importantes suministros…” Nos instrumentalizamos a nosotros mismos, nos mecanizamos. Nuestros cuerpos son y producen una tecnología de poder; incluso lo semántico, lo relacional, y cualquier otro tipo de significado proviene de aquí.

La exposición que Paula Rubio Infante presenta en Addaya bajo el título de ‘Destino Manifiesto’ se centra en el estudio y representación de algunas relaciones que pertenecen a la tecnología de poder, en concreto las ejecutadas por el Estado para conseguir sus objetivos de expansión geográfica, política y racial.

La muestra toma como punto de partida una serie de imágenes fotográficas tanto de archivo como hechas por la artista in situ: una imagen de la chimenea de la sala de reuniones de Villa Gross Wannsee en Berlín, donde los altos mandos de las SS decidieron llevar a cabo la “solución final de la cuestión judía” (según la terminología nazi), es decir, el genocidio sistemático de la población judía europea (también llamado “reinstalación” por Adolf Eichmann, funcionario nazi); una fotografía de un uro, animal que se extinguió en la Europa de 1627 y especie que Heinrich y Lutz Heck, zoologistas trabajando cercanos al régimen nazi, quisieron recrear logrando una nueva raza llamada bovinos de Heck; y por último una serie de imágenes de construcciones destinadas a la caza de animales que abundan en los bosques alemanes y de las torres de vigilancia del campo de concentración de Sachsenhausen en Oranienburg , Berlín.

A partir de esta serie fotográfica las metáforas y las similitudes entre el estado del hombre, el estado del animal y el estado del Estado se entrecruzan. La relación entre ellos no es más que la forma de acción de unos sobre otros, especialmente la acción de unos sobre las acciones de los otros. El ejercicio de poder no es una estructura que se mantiene por siempre y que algún día, si la suerte está con los sometidos, podrá romperse, sino que es un hecho cotidiano, se elabora constantemente, se transforma, se desorganiza y se vuelve a organizar.

Es por esto que algunas veces estas acciones pasan a ser consideradas hechos históricos mientras que otras son sólo puntos terminales, donde una serie de actos pequeños, vulgares y mezquinos, aún actúan, constituyendo una compleja red, un entramado de relaciones que tiñe lo social en su conjunto.

Así es que, junto con este archivo fotográfico, la exposición incluye una serie de piezas realizadas durante la residencia de la artista en Addaya: los escupidors, meras estructuras de poder con forma de cuña que, colocándolas en el exterior, sirven para evitar que la lluvia entre en las casas, típicamente mallorquinas. Rubio las ha reproducido en escala 1:1, disponiéndolas en la segunda sala de la galería de tal forma que forman una barrera, creando una ruptura del poder espacial, una tensión física y psicológica con el espectador, que es instrumentalizado y forzado a ejecutar una serie de movimientos determinados. De esta forma la artista incluye elementos, en cierto sentido obvios y triviales, que encontramos en la trama cotidiana y que presentan de igual forma una relación de poder entre dos polos.

Estructuras con forma de cuña como los escupidors son motivo recurrente en la práctica de Paula Rubio Infante (Los trapos sucios se lavan en casa, 2014) y también están presentes en el cuaderno de dibujo de la artista que se presenta en la exposición; en él un extenso número de exquisitas anotaciones arquitectónicas son mostradas y podemos apreciar cómo la artista ha pasado de traducir estos dibujos técnicos a una serie de maquetas que también se presentan en la exposición.

Estas maquetas realizadas a mano, al mismo tiempo de ser un documento arquitectónico, crean de nuevo una situación de poder en el espacio galerístico, dando lugar, en palabas de la artista, a una situación que pertenece a la simbología del poder; la imagen de cualquier persona mirando una maqueta, reproducción fidedigna de algo real pero a escala menor, cristaliza eficazmente el poder que unos tienen sobre los otros.

Además de los esbozos en grafito de las maquetas de construcciones edificadas por los nazis, los cuadernos de Paula Rubio presentan una serie de dibujos y fotografías que relacionan la arquitectura del campo de concentración de Sachsenhausen con la de la prisión de Abu-Grahib en Irak, lugar donde en 2003 se sucedieron numerosos casos de abuso y tortura de prisioneros encarcelados, dando lugar a macabras imágenes como prisioneros amarrados con collares para perros, cubiertos totalmente de heces o mujeres violadas por la Policía Militar americana. Diferente escenario, diferente arquitectura, el mismo flujo de poder y sadismo se repite.

En Destino Manifiesto encontramos otro objeto escultórico que nos presenta otro tipo de sadismo, éste más sutil ya que su contexto no está ligado directamente a ninguna guerra o forma de violencia oficial sino al campo de la medicina. Éste objeto que Paula Rubio ha multiplicado en número e instalado a lo largo y ancho de la galería, éste objeto, una barra de hierro y no un psiquiatra o un neurólogo, fue el encargado de realizar la primera lobotomía de la historia al atravesar el cráneo de Phineas Gage, personaje cuya fotografía de archivo también podemos encontrar en la exposición. Phineas Gage, el obrero de ferrocarriles, cambió de humor tras este accidente laboral en 1850, y su caso pasó a examinarse exhaustivamente dando lugar a lo que hoy conocemos como lobotomía cerebral, una operación quirúrgica realizada habitualmente a enfermos psicóticos y que presentó muy dudosos resultados. Este método dejó de ser utilizado en los años 50 con la aparición de los medicamentos anti- psicóticos (como la normalizada clorpromazina) pero solamente en Chile a mitad del siglo XX se lobotomizaron entre 45.000 y 50.000 pacientes [2]. El poder del control de unos sobre las acciones de los otros vuelve a ser palpable en este hecho, los que tienen el control establecen las prácticas oficiales y cuando se está en la mira del poder, cuando alguien sale de la media considerada como lo normal, sea para el más o para el menos, entonces en ése momento el poder descarga toda una batería de técnicas para conducirlo nuevamente al conjunto, técnicas que van desde la persuasión, el chantaje, hasta la internación en un psiquiátrico, la reclusión en una cárcel o la exterminación.

Todos los elementos que componen Destino Manifiesto – tanto bidimensionales como tridimensionales – son recordatorios de estas técnicas, y nos hablan de momentos que pueden repetirse (y que se repiten) adoptando estructuras diferentes. Ya que como acertadamente Michel Foucault remarcaba, cada vez las tecnologías de poder del Estado se vuelven un poco más sutiles, cada vez son más técnicas y, desde el punto de vista de ese Estado, más eficaces [3].

Al analizar formal y funcionalmente algunas estrategias del espacio, arquitecturas y relaciones de poder, la exposición invita a la reflexión de los grados de racionalización de estas; si hay algunas relaciones más o menos elaboradas, otras que se ejercen con más o menos niveles de consciencia y otras que utilizan instrumentos más o menos sofisticados.

En Destino Manifiesto las obras están conectadas en el espacio de la galería de manera física, poniéndose en contacto entre sí, llevando al espectador al lugar donde sucedieron los hechos y “ejerciendo algún tipo de modificación respecto a su relación histórica”, tal y como Paula Rubio Infante lo expresa. En la exposición no hay jerarquías, unas piezas no tienen más peso que otras ya reflejen hechos históricos o historias anecdóticas, el imperativo del estado o de la institución se presenta mezclado con las historias personales creando una trama sin fin.

La labor que Paula Rubio Infante desarrolla está ligada a la memoria histórica; no tiene una función trivial, marca una diferencia. Exigir que nos tratemos recíprocamente como personas y no cual simples cosas u objetos instrumentales es una tarea interminable, pero esto no quiere decir que vayamos a dejar que los bastardos se salgan con la suya.

 

 

1. Tal y como es contado por Ronald R.Laing en el documento “Roundtable on Prisons and Psychiatry”, parte del congreso “Schizo Culture” celebrado en Columbia University, 1975. Editado por Sylvère Lotringer y David Morris para Semiotext(e).

2. Asenjo, Alfonso; Horvitz, Isaac; Vergara, Adriana; Contreras, Mario; La lobotomía prefrontal como tratamiento de algunas psicosis, Número 1, Revista chilena de neuro-psiquiatría. Disponible online: http://www.scielo.cl/pdf/rchnp/v49n3/art02.pdf

3. VV.A., Obras esenciales de Michel Foucault: Estrategias de poder, Paidos Iberica, 1999.

jerarquías, unas piezas no tienen más peso que otras ya reflejen hechos históricos o historias anecdóticas, el imperativo del estado o de la institución se presenta mezclado con las historias personales creando una trama sin fin.

 

Destino Manifiesto se ha realizado en colaboración con Galería Paula Alonso. Exposición 20 Junio – 1 Agosto, Addaya Centre d’Art Contemporani.

http://www.addaya-art.com/

http://cristinaramosdesk.tumblr.com/